Parashat

Jonathan Gilbert | 19/02/2018

Hábito 6: Sinergizar

Habla a los israelitas y haz que Me traigan una donación. Toma Mi donación de todo aquel cuyo corazón lo impulse a dar (Shemot 25:2)

Crecimos en un mundo que da por hecho el egoísmo. Biológicamente, supone Darwin, las especies luchan por sobrevivir en una cruel carrera eterna contra la extinción. Políticamente, explican Hobbes y Maquiavelo, nos encontramos en un estado de guerra perpetua, donde solamente un Estado poderoso puede evitar que el hombre devore a su prójimo. Económicamente, manifiesta Adam Smith, debemos enfocarnos en la persecución egoísta del bienestar individual y confiar en que una “mano invisible” (o sea, la capacidad autorreguladora del libre mercado) se encargará de garantizar el bienestar colectivo. Psicológicamente, dice Freud, somos presa de nuestras pulsiones e instintos. Nuestro deseo está grabado en nuestra mente, en un lugar tan oculto (el subconsciente) que ni siquiera nosotros mismos tenemos acceso pleno a él. Así, incluso el acto más altruista puede comprenderse desde una motivación oculta que es, en última instancia, egoísta.

Pero la experiencia no siempre encaja limpiamente con la teoría. De hecho, Darwin consideraba al altruismo la mayor amenaza a su teoría. En un mundo donde solo el más fuerte sobrevive, ¿cómo explicar que individuos o grupos de individuos altruistas prosperen? ¿Por qué las tribus humanas propensas a colaborar no fueron devoradas por tribus más beligerantes?

Algunos desarrollos recientes en las neurociencias sugieren que, en realidad, involucrarse en actividades altruistas tieneefectos en el cerebro similares a los que experimentamos con otras actividades placenteras. Jordan Grafman, del Northwestern University Medical School, encontró que donar dinero afectaba la vía mesolímbica del cerebro (asociada a la gratificación sexual y alimenticia) de forma significativa. Contribuir, en conclusión, es una actividad natural y placentera.

En su libro “Altruismo”, Matthieu Ricard observa que la reacción normal de un bebe de 18 meses es recoger y regresar los objetos caídos de manos de un adulto. En otro estudio (Shmidt, 2011), bebes de 15 meses eligieron compartir aquel juguete que previamente habían identificado como su favorito.

Si es así, ¿por qué resulta tan difícil reconocer en el mundo actos altruistas? Hay muchas dimensiones en esta respuesta. Pero una, sin duda, tiene que ver con la actitud que tenemos con respecto al altruismo. Lo sometemos a pruebas de pureza irreales para la naturaleza humana. Sabemos que los familiares ancianos y ricos son más visitados que los pobres, que los donadores piden ver sus nombres en las placas de los lugares que financian y que generalmente damos unas monedas a los niños de la calle para apaciguar nuestras propias culpas. Pero también cometemos el error de llamarle egoísmo a eso. Como el resto de los actos humanos, hay una rica serie de componentes que interactúan en cada momento. Un acto puede ser mayoritariamente altruista y eso debería ser suficiente para muchos de nosotros. Elevar el estándar a nociones platónicas puede tener el efecto opuesto al deseado.

Cada vez que tengo la oportunidad de ser parte de proyectosde voluntarios en mi comunidad, no puedo dejar de admirar a los cientos de hombres y mujeres que, como los judíos del desierto, acuden al llamado a donar altruistamente de su tiempo y recursos para lograr una mejor sociedad. Sus esfuerzos se traducen en instituciones, en mejores vidas y en sueños logrados. Mi admiración y respeto está siempre con ellos.

Tzdaka, el acto de ayudar económicamente al prójimo, viene de la palabra hebrea “justicia”. Tenemos el privilegio de haber nacido en un pueblo que equipara el altruismo con lo justo y lo correcto. Vivimos también en un mundo en que la vida humana es angustiantemente barata. Con tan sólo unos dólares podemos comprar una red que salvará a un niño de morir de malaria o desparasitar a otro para que pueda asistir a la escuela. La responsabilidad es mucha. El pueblo judío es demasiado pequeño para ocuparse de tantos asuntos, pero es suficientemente grande para inspirar con el ejemplo. El altruismo es parte de nuestra historia; lo hicimos en el desierto y lo reproducimos en nuestras comunidades de hoy. Es momento de contagiar al mundo.

¡Shabbat Shalom!



Jonathan Gilbert

Coordinador de Hebreo y Estudios Judaicos

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